Una de las cosas típicas que quieres hacer cuando vas a Tailandia, es ir a ver los elefantes. Verlos de cerca, tener contacto con ellos, tocarlos e incluso montarte en ellos. Pero aquí entra el dilema…
Cuando buscas por internet información, terminas encontrando vídeos y críticas de centros dónde esos grandiosos animales son maltratados y, como dice «Fran de la Jungla», con el alma rota.
Imagino que tú, igual que yo, no deseas ir a sitios como estos, pero sí deseas tener contacto con elefantes.
Pues después de mucho mirar desde casa por internet, ver comentarios y dejándome recomendar por otros viajeros, encontré un centro del que tengo uno de los mejores recuerdos del viaje!!!
Había leído que se necesitaba reservar con mucha antelación y no quise arriesgarme! El precio era bastante alto, 5800thb unos 150€, pero después de las buenas críticas que tenía, no nos lo pensamos mucho… Así que, 5 meses antes de mi viaje, reservé con Patara Elephant Farm!
Al hacer la reserva tienes que especificar dónde te vas a alojar para que te puedan venir a recoger, pero como nosotros íbamos por libre, reservamos diciéndoles que unos días antes le confirmaríamos el hotel.
Cuando llegó el día, puntuales por la mañana nos recogieron en nuestro alojamiento y nos llevaron al centro.
Nos juntamos una gran cantidad de personas en una cabaña de bambú, donde nos contó su historia, la de sus elefantes y su trabajo.
Se trata de una empresa familiar que se dedica a la conserva y protección del elefante. Nos contaron que se dedican a rescatar elefantes en malas condiciones que están en circos u otros sitios y los rehabilitan.
También tienen un programa de reproducción con el que han conseguido que nacieran 17 elefantes (datos del 2013), y con su programa de salud y rehabilitación, en 10 años no se les ha muerto ningún elefante, y 7 los han devuelto a la libertad.
Según dicen, no está subvencionados por nadie y todos los gastos de los elefantes corren de su cuenta, de lo que pagamos al ir a pasar el día con ellos.
También nos explicaron qué haríamos durante el día y, una vez pasada la tanda de preguntas, nos llevaron hacia los elefantes…
Pero antes nos dieron una sorpresa! Donde primero nos llevaron fue a ver a dos madres con sus bebes!!! Uno de ellos tenía unos 20 días y el otro 12. Eran una cucada!!!
Estuvimos un buen rato con ellos, tocándolos y viendo como jugaban. Dando de comer a sus madres, que estaban tranquilamente cerca de los peques y haciendo montón de fotos…
No sé cuánto tiempo estuvimos, se me pasó volando!!! Por suerte tengo dos fotos increíbles que podré guardar como recuerdo de por vida!!!
Cuando terminamos, nos dividieron en grupos muy pequeños, el nuestro de 4 personas, y nos llevaron con nuestros elefantes.
Cada grupo está en un lugar alejado de los demás, junto a los elefantes que aquel día cuidarán, su «mahou», cuidador de elefante, y un fotógrafo.
El Mahou empieza presentándote a los elefantes y su historia, te explica como los cuidan diariamente y como saber si están enfermos.
Después te enseñan a limpiarlos y te toca practicar 😉
Aunque aquí lo describo todo rápido, es un mero resumen de todo lo que nos enseñaron, contaron e hicimos con los elefantes! Antes de la ducha les dimos chucherías, les sacamos el polvo con ramas, nos enseñaron órdenes básicas, etc… Toda una experiencia!
Normalmente te dan un elefante por persona, pero parece ser que depende de varios factores terminas yendo dos personas en un elefante. A nosotros aquel día nos tocó compartir ya que había dos «bebés» que aún no se podían «montar» ya que no estaban totalmente enseñados…
Os dejo unas cuantas fotos que nos hicieron durante todo éste rato!
Cuando terminamos de todo, era hora de irnos para el baño diario. Si si, baño, no ducha! Así que nos montamos a sus lomos y cruzamos el bosque/selva hacía el río!
Montar en elefante, aunque nadie lo diría, es mortal! Cansa una infinidad nunca antes imaginada! Si vas detrás te clavas la columna del bicho, y si vas delante te puedes sentar de dos maneras, bueno y tres!!! Una con los pies colgando, cosa que hace que te cueste mantener el equilibrio, dos con las rodillas apoyadas en las orejas, el problema es que cada vez que el elefante las mueve tienes que sujetarlas y eso cansa bastante aunque es muy cómodo, y la tercera, en la cabeza del elefante, sentada como en las pelis antiguas se sentaban en una bicicleta, también muy cómodo.
Una vez llegamos al río, desmontamos de los elefantes y entraron sin pensárselo al agua!
Era una zona ancha del río y detrás tenía una cascada pequeñita pero muy bonita. Allí nos bañamos con ellos, los limpiamos y jugamos.
Después del largo baño, nos trajeron un picnic típico tailandés con comida súper rica!!! La comimos allí mismo, cerca de la cascada, viendo como los elefantes seguían jugando.
Como habéis visto, es una experiencia increíble!!! Fue un dinero merecidamente gastado y que ayuda a cuidar a éstos magníficos animales!
Espero os haya gustado el post y podáis valorar éste sitio para disfrutar de los elefantes en vez de ir a verlos en shows dibujando, andando a dos patas, o simplemente explotados para el turismo.